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Pomarrosa [Pommerose, Malay apple, Malabar plum] (Syzygium jambos)

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Pomarrosa [Pommerose, Malay apple, Malabar plum] (Syzygium jambos) — Fotopedia
Lugar: Finca La Pomarrosa, Barlovento, centro norte de Venezuela.
Place: La Pomarrosa Farm, Barlovento, north centre Venezuela.

Pomarrosa y Pomagás

La pomarrosa y el pomagás son árboles tropicales de origen asiático naturalizados venezolanos desde los tiempos de la colonia. Son dos bellas especies emparentadas que se cultivan, entre otras razones, con fines ornamentales, como sombra y como paravientos, para reforestación y por sus frutas.
La pomarrosa es la de mayor abolengo, ya que «quizás es el árbol cosmogónico más representativo de la India, llamado Jambú, el cual según la leyenda, dio el fruto dorado de la inmortalidad; las semillas produjeron oro y el jugo de las frutas formó el gran río Jambú o Jumna de la India» (Oliva, 1972, p. 37). Su nombre científico (Syzygium jambos) alude precisamente a dicho río del norte de ese país, mientras que su nombre común en español es una palabra compuesta conformada por «poma», que significa «fruta de árbol», lo mismo que «manzana» (Real Academia Española, 2001, p. 1799), y «rosa», que todos sabemos lo que es y que, en este caso, hace referencia «al olor y al sabor de sus frutos», que «recuerdan los pétalos de las rosas» (Hoyos, 1987, p. 262.
Por su parte, el nombre científico del pomagás (Syzygium malaccense) alude a la península de Malaca o Malaya, ubicada al oeste de Malasia, de cuyas selvas se supone que proviene la especie. Esto último explicaría el otro nombre común —pomalaca— que se le da al pomagás en Venezuela, sobre todo en el oriente del país, que significaría textualmente «fruta o manzana de Malaca», expresión que seguramente era utilizada por los españoles y portugueses que participaban en las flotas que cubrían periódicamente las rutas entre las posesiones ibéricas ubicadas en Asia y América y sus metrópolis europeas, en cuyos viajes es seguro que fueron traídas las semillas y tal vez incluso los retoños.
En cuanto al «nombre genérico de Syzygium viene del griego, que significa unido, hace referencia a los sépalos» (Hoyos, 1974, p. 150), es decir, a las hojitas verdes que forman los cálices de sus flores. Estas flores son diferentes en ambas especies, ya que mientras en el pomagás son de color fucsia, conformando racimitos laterales, según se puede ver aquí, en la pomarrosa son terminales y grandes, agrupando una multitud de estambres de un blanco reverberante, que puede verse aquí, lo cual hizo decir al reconocido poeta barloventeño que se llamara Pedro Lhaya, en un verso de tropos bien logrados: «mi corazón llamea con un fuego estelar de pomarrosas» (Lhaya, 1972, p. 40).
También las frutas, aunque pulposas y blancuzcas por dentro en ambos casos, presentan diferencias. La pomarrosa es más pequeña y redondeada y, como su flor, blanca por fuera o en todo caso blanco rosáceo o amarillento, como se puede apreciar en la foto. El pomagás o pomalaca (verlo aquí), en cambio, tiene forma aperada, por lo cual en algunas regiones del país se le dice «pera de agua», mientras que exteriormente, si bien puede adquirir tonalidades blanquecinas y rosadas, sus colores más característicos son el rojo y el púrpura. Tampoco la textura ni el sabor son similares, ya que el pomagás es más jugoso y «ligeramente ácido», aunque «muy delicado», mientras la pomarrosa es sutilmente áspera y «muy dulce y de aroma exquisito» (Calabria, 1968, p. 69), parecido, como ya dijimos, al de los pétalos de rosa, si bien ha habido quien haya sostenido que serían «muy insípidos» y que «los comen sólo los niños» (Hoyos, 1994, p. 193). La fruta, en ambos casos, «se come cruda y sirve también para hacer dulces» (Pittier, 1970 [1926 y 1939] p. 369). En este último sentido, en Venezuela el dulce de pomarrosa suele estar en la carta de muchos restaurantes chinos. También se puede encontrar en varios recetarios de dulcería criolla la jalea de pomagás.
Ahora bien, hay una especialidad con la cual tengo mucha familiaridad, ya que se trata de una receta de la autoría de mi esposa, cuya afición por la pomalaca y la pomarrosa es de vieja data (no en balde nació en Cumaná), debiéndose a su admiración por estos árboles el nombre de nuestra finca en Barlovento, es decir, La Pomarrosa, homenaje a varios ejemplares espléndidos que allí encontramos y que han dado lugar a una muy vigorosa descendencia, como el de la foto, cuyas cargas copiosas se pueden dar varias veces al año, lo cual obligaba a ingeniárselas para ofrecerle a la gente un atractivo adicional para el consumo de estas frutas.
El resultado fue un dulce que si bien tiene bastante en común con el de pomarrosa o yambo asiático que preparan los chinos, más lo tiene con los sabrosos cascos de guayaba, tal vez la más típica fruta tropical americana, tan característica de nuestras tierras que ese caribeño de pura cepa llamado Gabriel García Márquez no dudó en afirmar que «se puede reducir todo el enigma del trópico a la fragancia de una guayaba podrida» (García, 1982, p. 44). Ahora bien, más allá de la chanza y aproximándonos ya un poco al meollo de la receta, la relación de afinidad que mi esposa avizoró entre guayaba, pomarrosa y pomalaca o pomagás no fue obra de la mera casualidad; al contrario, tiene su fundamento en el hecho de que estas tres especies pertenecen a la misma familia botánica de las Mirtáceas. De allí surgió la idea de elaborar un híbrido —que pronto se reveló como exquisito— que combinase el sabor delicado de la pomarrosa y el pomagás con uno de los modos de cocinar los cascos de guayaba, la cual se concretó en la siguiente receta que ganó en 2005 el primer lugar en el renglón dulces del concurso «Sabor Trasbordo», organizado por las Escuelas de Educación, de Idiomas y de Administración y Contaduría de la Universidad Central de Venezuela (Arenas, 2007, p. 164):

Cascos de Pomalaca o Pomagás y Cascos de Pomarrosa en almíbar

Ingredientes

1 kilogramo de azúcar
4 kilogramos de pomarrosas o pomagases maduros bajados directamente del árbol
4 tazas de agua
1 cucharadita de esencia de vainilla

Preparación

1.Se prepara en una olla grande un almíbar suave con el agua y el azúcar.
2.Se pelan muy finas las frutas y se pican por la mitad para extraerles las semillas.
3.Una vez peladas las frutas se lavan bien.
4.Se colocan las frutas en la olla con el almíbar y se cocinan a fuego lento hasta que tomen un color rosado suave.
5.Se aromatiza el dulce con la vainilla justo antes de bajarlo de la hornilla.
6.Enfriar el dulce antes de su degustación.

Ahí lo tienen. Anímense a prepararlo y después hablamos.

Bibliografía citada

Arenas, Luisa Teresa. 2007. «Sabor Trasbordo». En: Arenas, Luisa Teresa, Yajaira Arcas y Edgardo Malaver (Compiladores). «Todo en Idiomas. Eventos III». Fundación de la Escuela de Idiomas de la U. C. V. Caracas.

Calabria, José Miguel. 1968 [1958]. «Frutales de Venezuela. Características e indicaciones prácticas para su cultivo». Fundación Eugenio Mendoza. Caracas.

García Márquez, Gabriel. 1982. «El olor de la guayaba. Conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza». Editorial Bruguera. Barcelona (España).

Hoyos, Jesús. 1974. «Arboles cultivados de Venezuela». Sociedad de Ciencias Naturales La Salle. Caracas.

Hoyos, Jesús. 1987 [1983]. «Guía de árboles de Venezuela». Sociedad de Ciencias Naturales La Salle. Caracas.

Hoyos, Jesús. 1994 [1989]. «Frutales en Venezuela». Sociedad de Ciencias Naturales La Salle. Caracas.

Lhaya, Pedro. 1972. «Cuerpo presente. Resta poética». Ediciones del Congreso de la República. Caracas.

Oliva, Francisco. 1972. «Doce árboles de Venezuela». Monte Avila Editores. Caracas.

Pittier, Henri. 1970 [1926 y 1939]. «Manual de las plantas usuales de Venezuela y su suplemento». Fundación Eugenio Mendoza. Caracas.
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